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El manifiesto de Diego

Por qué este manifiesto

Escribí este manifiesto porque he visto demasiados equipos de ingeniería derivar hacia culturas poco sanas. Cuando la jerarquía, el miedo y las reglas no escritas se vuelven normales, la gente deja de hablar con libertad, las decisiones pierden claridad y el trabajo acaba resintiéndose.

Este manifiesto es mi forma de dejar explícito el tipo de cultura de ingeniería en la que creo: una en la que la gente pueda hacer buen trabajo, crecer, mantener la motivación y recibir ayuda antes de llegar al burnout. No es una descripción de una empresa perfecta, sino de los principios que ayudan a que los equipos se mantengan sanos en el tiempo. La mayoría de estas ideas no son nuevas para mí. Las llevo conmigo desde hace años y, con más experiencia ya a mis espaldas, siento que el tiempo no ha hecho más que confirmarlas.

1. Toda opinión merece una respuesta real #

Todo el mundo debería sentirse libre de hablar, cuestionar una decisión o proponer una forma mejor de hacer algo, sin importar su cargo o nivel. He trabajado en sitios donde se le decía a la gente que no se metiera, que algo no era asunto suyo o que "eso no lo vamos a hacer" era toda la conversación. Eso enseña a la gente a callarse.

Cuando alguien dice "creo que podríamos hacer esto de otra manera", merece algo más que un no simple. Si la idea no funciona, explícale por qué. Si le falta contexto, dale ese contexto. Si aun así cree que su idea es mejor, pídele que escriba una propuesta corta con pros y contras y revísala bien. La gente no necesita ganar todas las discusiones, pero sí merece una respuesta real.

A veces lo mejor es abrir la conversación a más personas. Otro ingeniero puede explicar mejor los matices o ver valor en la primera idea. El objetivo no es apagar a la gente rápido. El objetivo es tomar mejores decisiones mostrando el mismo respeto a todo el mundo, desde la persona más junior hasta la más senior.

Todo esto se reduce a comunicación. La buena comunicación en equipos técnicos no es un extra bonito. Hay que sobrecomunicar lo importante, asumir que el resto no tiene tu contexto y no dar por hecho mala intención cuando lo más probable es que solo haya confusión.

2. Los líderes tienen que ganarse la alineación #

No se debería empujar a un equipo en una dirección que no entiende. Si la mayor parte del equipo no está de acuerdo con una decisión, decir "tengo más contexto" no es suficiente. Si la gente no puede ver la razón, entonces esa razón no se ha compartido con suficiente claridad.

El trabajo de un líder no es solo tomar la decisión. También es explicar los matices, responder preguntas, compartir el contexto que falta y hacer el trabajo necesario para alinear a la gente. Si un líder quiere avanzar mientras la mayor parte del equipo sigue sin entender la decisión, eso no es un problema del equipo. Es un problema de liderazgo.

También creo que un líder debería evitar decidir en aislamiento siempre que sea posible. A mí me ha pasado más de una vez cambiar de opinión por completo después de escuchar a otras personas, y eso me parece una fortaleza, no una debilidad. Casi siempre hay alguien con quien contrastar una idea: otro desarrollador, otro líder, alguien de otro equipo o simplemente alguien que te ayude a ver los puntos ciegos de tu propio razonamiento.

Alineación no significa que todo el mundo consiga la opción que quería. Significa que la gente entiende la decisión lo bastante bien como para apoyarla honestamente, incluso si habría elegido otra cosa. Eso es muy distinto de un equipo que deja de discutir porque cree que discutir no sirve de nada.

Los buenos equipos no deberían trabajar obedeciendo órdenes a ciegas. La gente debería entender el problema, el objetivo y la razón que hay detrás de la decisión. Sin ese contexto, los equipos se vuelven dependientes y acaban pidiendo permiso para todo.

3. Culpar no arregla nada, mejora el proceso #

En las empresas, los problemas rara vez son culpa de una sola persona. Cuando alguien busca inmediatamente a un culpable, eso debería encender alarmas. La mayor parte de las veces el problema real es un proceso débil, una falta de salvaguardas, contexto poco claro, revisiones pobres, mala comunicación o un sistema que hacía muy fácil llegar al fallo.

Señalar a una persona no va a resolver eso. Como mucho, le da a alguien un sitio donde volcar su frustración. Como poco, desencadena una cadena de daño. Primero, el problema de fondo sigue ahí, así que lo más probable es que el mismo fallo le vuelva a pasar a otra persona. Segundo, la persona a la que se ha culpado acaba trabajando desde el miedo, y ese miedo se contagia muy rápido al resto del equipo.

La gente que toma decisiones con miedo deja de asumir riesgos sanos, deja de hacer preguntas, oculta la incertidumbre y empieza a optimizar para protegerse en lugar de optimizar para el trabajo. Así es como los equipos se vuelven más lentos, menos honestos y más frágiles.

Por eso creo que los equipos deberían poner el foco en los procesos y en el aprendizaje. Los post mortems importan. Analizar con calma qué ha pasado importa. Los fallos son naturales, y esperar un sistema sin fallos es ingenuo. El objetivo real es reducir la frecuencia con la que ocurren, evitar que los mismos fallos se repitan y reducir el impacto cuando ocurran.

4. Ningún líder debería estar por encima del feedback #

He visto empresas donde ingeniería era un búnker. Nadie podía salir de ahí. Todo tenía que pasar por el CTO. Ese tipo de estructura se convierte muy rápido en un cuello de botella y además hace que los problemas de arriba sean más difíciles de ver.

Si la gente cree que la persona que está en la parte más alta de la jerarquía no está haciendo bien su trabajo, necesita formas seguras de decirlo. Si no existen, la empresa acaba protegiendo el cargo en lugar de resolver el problema.

Muchas personas se convierten en managers sin haber recibido formación real para ello. Las empresas no deberían asumir que ya lo resolverán solas. Deberían acompañar esa transición, sobre todo cuando perfiles técnicos pasan a liderar personas.

A veces la respuesta no es quitar a esa persona, sino tener una conversación honesta y hacerle ver que la empresa ha cambiado y que el rol ha cambiado con ella. Esto pasa mucho con la figura del CTO. El perfil que encaja en una empresa en una etapa temprana no siempre es el que encaja en la siguiente.

Aceptar eso es difícil, pero fingir que no pasa es peor. Las empresas sanas crean espacio para el feedback hacia arriba y ayudan a que los líderes suelten responsabilidades cuando ya no son la persona adecuada para llevarlas.

5. Hacen falta señales reales antes del burnout #

Decir que hay que monitorizar a los empleados suena mal, pero no me refiero a eso. No hablo de espiar a la gente. Hablo de tener formas reales de saber cómo está la gente antes de que se queme. El objetivo no es usar esa información en su contra. El objetivo es ayudar pronto, proteger la motivación y mantener el equipo sano.

He trabajado en startups donde no había 1:1s, no había plan de carrera, no había evaluaciones de desempeño y no había crecimiento salarial real. Algunos líderes estaban haciendo mal su trabajo. Algunos compañeros ya estaban quemados, y eso hacía el entorno todavía peor. Lo más llamativo era que Recursos Humanos no sabía lo que estaba pasando y, por eso, el CEO tampoco.

La empresa sobrevivió porque el producto era bueno y porque algunas personas decidimos actuar antes de que todo se rompiera. Eso no es un sistema sano. Una empresa sana debería detectar estos problemas antes, no cuando la gente ya está al límite.

Si nadie habla con la gente sobre su satisfacción, su crecimiento o su futuro hasta que ya está pensando en irse, la empresa ya llega tarde.

Y aunque solo mires esto desde el lado de la empresa, sigue habiendo una razón muy práctica para preocuparse. Cuando la gente se va, la empresa pierde conocimiento, velocidad y mucho tiempo y dinero reemplazándola. Las personas no son piezas intercambiables, y la rotación es mucho más cara de lo que muchos líderes quieren admitir.

El feedback no debería guardarse para las evaluaciones formales. Si alguien escucha una crítica importante o un reconocimiento importante por primera vez en una evaluación de desempeño, el sistema ya ha fallado.

Por eso creo en 1:1s regulares, planes de carrera claros, evaluaciones de desempeño que de verdad ayuden y espacios donde la gente pueda hablar con honestidad. Una evaluación de desempeño solo es útil si reduce incertidumbre, alinea expectativas y tiene consecuencias reales en crecimiento o salario. Si no cambia nada, es solo proceso por el proceso. Herramientas como Nailted pueden ayudar, pero la herramienta no es el punto. El punto es hacer visibles los problemas mientras todavía hay tiempo para arreglarlos.

La gente no se queda por beneficios superficiales. Se queda donde puede aprender, confiar en el equipo, trabajar a un ritmo sostenible y ver qué viene después. La motivación no se construye con discursos. Crece con autonomía, aprendizaje, propósito, reconocimiento y responsabilidad real.

La gente debería tener formas seguras de hablar, a veces de forma anónima. Debería poder explicar por qué cree que merece una subida. Debería poder hablar de problemas sin sentir que está creando un riesgo para sí misma. Los buenos líderes no intentan controlar a los empleados. Intentan apoyarlos y ayudarles a crecer.

6. Recompensa antes de que tengan que pedirlo #

El reconocimiento importa, pero una palmadita en la espalda tiene un alcance muy corto. Decir "buen trabajo" es el primer paso, no el último. Un líder que de verdad está atento puede ir más allá: "Valoro mucho lo que estás haciendo estos días, y cuando esto acabe te prometo que voy a pelear una subida porque te lo mereces". Ese tipo de frase, dicha antes de que el empleado tenga que pedirlo, demuestra algo mucho más potente que gratitud. Demuestra que el líder está pendiente y dispuesto a actuar.

Esperar a que la gente venga a pedir una subida ya es llegar tarde. Para entonces probablemente llevan meses dándole vueltas, puede que incluso mirando otras opciones. Un buen líder no espera a ese momento. Se adelanta.

Lo mismo aplica a las horas extra. Si se prevé una entrega importante y van a hacer falta horas extra, dilo antes. Dile al equipo: "Puede que necesitemos echar alguna hora extra, pero ya hemos hablado con Recursos Humanos y os lo vamos a compensar así". No esperes a que las horas se hagan y la gente se queje para mirar cómo compensarlo. Ese patrón reactivo es uno de los fallos de liderazgo más comunes que veo. La clave de todo esto es la misma: anticiparse.

En la mayoría de las empresas hay dos tipos de perfiles. Unos prefieren hacer bien su trabajo, mantener estabilidad y tener una vida equilibrada. Es totalmente legítimo. Otros son más proactivos, más entregados y tienden a ir más allá de lo esperado. Ambos perfiles son válidos, pero los segundos suelen aportar más valor a largo plazo y merecen un reconocimiento extra por ello. Intentemos detectar esos perfiles pronto y recompensarlos, no solo con dinero, sino con señales claras de que su esfuerzo se ve y se valora.

Si la empresa está en una posición financiera sana, el salario de tus empleados debería estar por encima del mercado, no por debajo ni justo en la media. Esa persona ya tiene algo que ningún candidato externo tiene: conocimiento profundo del código, del producto, del equipo y de cómo funcionan las cosas dentro de la empresa. Ese conocimiento tiene un valor real, y el salario debería reflejarlo.

Cuando alguien cobra notablemente más de lo que ve en el mercado, deja de mirar fuera. Se siente orgulloso de trabajar donde está y empieza a recomendar la empresa a otros. Ese tipo de lealtad no se compra con beneficios ni con discursos.

Algunos líderes intentan ahorrarse cinco o diez mil euros manteniendo los salarios lo justo para que el empleado dude en irse. Eso es un error garrafal. He visto incluso líderes renegociando una subida dos o tres mil euros a la baja para recortar presupuesto. Ese tipo de movimiento destruye la confianza más rápido que casi cualquier otra cosa.

En lugar de eso, pregúntale directamente a tu empleado: ¿con qué salario te sentirías a gusto? Y entonces trabajad sobre ello juntos. Comparte datos del mercado. Pídele datos también a él: ofertas que haya visto o incluso procesos de selección en los que haya participado mientras estaba en la empresa. Que se sienta libre de contarlo. Recursos Humanos suele tener las horquillas salariales. Pásale esa información a tu empleado en lugar de guardarla bajo llave.

7. La transparencia salarial es más sana que el silencio #

El salario es una de las áreas donde muchas empresas son menos honestas de lo que deberían. Muchas no quieren que los empleados hablen abiertamente de sueldo. Entiendo por qué creen que eso puede crear tensión, pero muchas veces pienso que en realidad están intentando evitar explicar por qué una persona cobra más que otra.

No digo que el sueldo exacto de cada persona tenga que ser público. Pero sí creo que la gente debería tener una idea clara del rango para cada puesto. Ese es un punto medio razonable. En cualquier caso, decirle a la gente que no hable de salarios no soluciona nada. Antes o después la gente habla igualmente.

Cuando eso pasa en privado, la gente descubre diferencias sin tener el contexto. Entonces crecen la confusión y la frustración. Muchas veces los líderes no ven el daño lo bastante pronto, y el equipo llena ese vacío con suposiciones. Eso puede convertirse muy fácilmente en desconfianza, resentimiento y burnout.

Todavía no he trabajado en una empresa con salarios totalmente públicos, así que puede que haya problemas que no he visto. Aun así, a día de hoy creo que más transparencia es más sana que el silencio forzado.

Lo mismo aplica a las nuevas contrataciones. Si alguien entra en un equipo con un salario mucho más alto, debería haber una razón clara. Puede que aporte habilidades, alcance o responsabilidades que el equipo actual no tiene. Si no es así, la diferencia se sentirá injusta.

La gente que ya está dentro ya tiene conocimiento valioso de la base de código, del producto y de la forma de trabajar de la empresa. Ese valor también cuenta. Las decisiones salariales deberían reflejarlo, y los líderes deberían explicarlas con suficiente claridad para mantener al equipo alineado.

Las bandas salariales claras y los criterios claros de promoción hacen estas conversaciones más justas. Salario, rol y performance no deberían vivir en sistemas separados. Cuando eso pasa, la gente se queda adivinando, y ahí es donde empieza la desconfianza.

8. La flexibilidad necesita confianza, no control #

He tenido la suerte de no trabajar en empresas con un control desmesurado sobre los horarios. La mayoría de las empresas aprueban en este punto porque la rigidez extrema afecta a todo el mundo y la resistencia es inmediata. Pero aún hay margen para mejorar.

Tiene sentido tener unas core hours, al menos cuatro horas en las que todo el mundo coincida y se puedan hacer reuniones. Pero respetar las core hours también significa respetar las horas que quedan fuera de ellas. Si alguien prefiere empezar pronto y salir pronto, o trabajar por la noche, debería poder hacerlo siempre que el trabajo salga adelante y el equipo pueda coordinarse.

Yo soy mucho más eficiente por la noche. No hay distracciones, no tengo que estar pensando en que tengo que llamar al fontanero antes de que cierre, no hay interrupciones. Todo lo de fuera del trabajo ya está resuelto y puedo concentrarme por completo. Otras personas sienten lo mismo con las primeras horas de la mañana o la media tarde. Las horas concretas dan igual. Lo que importa es el resultado y la confianza.

Sé responsable con tu tiempo y confía en que los demás lo serán con el suyo. El control no produce mejor trabajo. La confianza sí.

9. Aprender debe ser parte del trabajo #

He trabajado en empresas donde lo único importante era producir. Eso puede generar resultados durante un tiempo, pero no crea buenos ingenieros ni buenos equipos a largo plazo.

Cuando todo es urgente todo el tiempo, la gente deja de mejorar. Baja sus estándares, se centra solo en sobrevivir a la semana y pierde el espacio necesario para aprender, experimentar y hacer trabajo con criterio.

Los profesionales destacables suelen compartir algo más allá de la entrega pura. Puede que tengan proyectos personales. Les gusta estar al día. Disfrutan aprendiendo y explorando ideas nuevas. Esa curiosidad también forma parte de su valor.

Las buenas empresas deberían apoyar esa forma de ser en lugar de apagarla. Eso significa presupuesto para certificaciones, tiempo para exploraciones técnicas, espacio para probar herramientas nuevas, talleres y transmisión real de conocimiento dentro del equipo.

Una cultura de ingeniería fuerte también se ve en los hábitos del día a día. Los tests forman parte del trabajo, la deuda técnica se hace visible, la revisión de código es una conversación y el conocimiento se comparte en lugar de acumularse.

Aprender no debería depender solo de lo que la gente hace por la noche o los fines de semana. Una empresa sana le hace hueco dentro del propio trabajo.

10. En la era de la IA, las soft skills importan más #

Últimamente me he encontrado con profesionales muy técnicos con actitudes claramente tóxicas. Eso me ha dejado algo muy claro: si la IA hace que la ejecución técnica pura sea más fácil, entonces las soft skills importan todavía más que antes.

Hay perfiles tóxicos que se ven enseguida. Insultan, amenazan, señalan a personas en lugar de a problemas o buscan culpables cuando algo sale mal. Ese tipo de comportamiento no debería necesitar mucha interpretación. Rompe la confianza de forma inmediata.

Pero también hay perfiles más sutiles y más fáciles de justificar, aunque hagan daño igual por repetición. Alguien puede responder a un fallo con frases como "esto ya ha pasado muchas veces", dar feedback negativo en un canal público en vez de en privado o hacer comparaciones como "nunca he visto a nadie hacer algo así". En la superficie parecen comentarios pequeños. En la práctica generan vergüenza, defensiva y silencio. Lo importante es el patrón.

Saber explicar una idea, comunicarse con claridad, ser asertivo, gestionar la presión, adaptarse al cambio de contexto, seguir aprendiendo y enseñar a otros es hoy una de las cosas más valiosas que un ingeniero puede aportar a un equipo. La buena noticia es que estas habilidades se pueden trabajar y mejorar.

En mi experiencia, un perfil junior con buenas soft skills puede aportar valor muy rápido en la era de la IA. Esa persona usará la IA para aprender más deprisa, hará mejores preguntas y contribuirá antes de lo esperado porque tiene iniciativa y está abierta al feedback.

Si alguien tiene poco criterio técnico, puede tomar decisiones equivocadas. Pero si es una persona humilde y sana para trabajar, muchas veces acabará dándose cuenta, aprenderá y rectificará. Una persona tóxica hace un daño mucho más profundo. Puede hundir al equipo, empujar a la gente buena a irse y hacer que justo las personas con mejores soft skills sean las primeras en no aguantar. Esa herida es mucho más costosa de arreglar.

11. La forma en la que seleccionas también es cultura #

El otro día me tocó hacer una entrevista junto a otro desarrollador del equipo. Cuando terminamos, me dijo que ojalá más entrevistadores fueran así, porque el candidato se había sentido cómodo y todo se había transmitido con total transparencia. Eso me hizo muy feliz, porque para mí va exactamente de eso.

Seleccionar bien empieza por la empatía. Trata a la gente como te gustaría que te trataran a ti cuando estás buscando tu sitio. Una buena entrevista no es un interrogatorio. Es una conversación estructurada en la que ambas partes intentan entender si de verdad hay encaje.

Cada fase debería tener un propósito claro. No hagas preguntas aleatorias, no improvises toda la entrevista y no diseñes pruebas técnicas que dicen poco sobre el trabajo real. Respeta el tiempo de la gente, explica qué quieres evaluar, mantén tiempos de respuesta razonables, deja espacio para sus preguntas y da feedback siempre.

Seleccionar bien también significa diseñar procesos contra los sesgos. Usa entrevistas estructuradas, criterios compartidos y evaluaciones por escrito. No confundas similitud con calidad, primeras impresiones con evidencia ni confianza con competencia.

La gente que diseña y ejecuta el proceso también necesita formación. Un equipo de selección que no entiende el mercado, el contexto técnico o el negocio acabará tomando decisiones superficiales. Las personas de recruiting y quienes entrevistan también deberían seguir aprendiendo.

Si la gente sale de tu proceso sintiéndose más pequeña, confundida o poco respetada, entonces la empresa ya le ha enseñado algo importante sobre su cultura.

12. Mira primero dentro del equipo antes de contratar fuera #

Antes de contratar a alguien por encima del equipo actual, creo que las empresas deberían mirar primero la promoción interna. En muchos casos ese es el punto de partida más sano. Si siempre miras fuera primero, la gente dentro de la empresa aprende una lección muy simple: su crecimiento no es la prioridad.

Contratar a alguien por encima de tus empleados actuales puede ser la decisión correcta, pero muchas veces es difícil de gestionar si se hace mal. Puede generar frustración, sobre todo si el equipo no entiende por qué esa persona entra por encima de ellos. En algunos casos es muy buena idea hablarlo con el equipo antes de tomar la decisión.

Crecer también exige planificación. Meter varias personas nuevas en el mismo equipo a la vez puede romper su ritmo, ralentizar la entrega y dañar la motivación. Los equipos deberían escalar con cuidado, no como reacción a la urgencia o a la euforia.

Si el equipo ya está alineado en que hace falta un nuevo rol, por ejemplo un arquitecto, la situación es mucho más fácil de manejar. Si la gente entiende la necesidad, el alcance y la razón por la que ese puesto no se cubre desde dentro, el entorno se mantiene mucho más sano. Otro buen paso es abrir primero el puesto internamente y ver si alguien quiere intentarlo.

Lo importante es no actuar como si los empleados actuales no existieran cuando aparece una nueva necesidad. Considéralos primero. Dales contexto. Dales espacio para crecer cuando sea posible. Incluso cuando la decisión final sea contratar fuera, el proceso debería mostrar claramente que el equipo ha sido respetado.